Pienso en la cantidad de historias que hay dentro de esas cajas marrones con rótulos rojos. Pienso, por ejemplo, en Mateo, Ivich, Boris, Marcela, de Sartre, encerradxs entre cuatro paredes semirígidas.
O en Clara, de Bolaño, con su claustrofobia natural agudizada por la presión de tener a Marcela Serrano encima, y encapsulada por izquierda y derecha por Borges.
Me deprime esta situación de mudanza estática que no termina nunca. Meses van a pasar hasta que estén todxs en su lugar (una casa más nueva y reconfortante, con estantes de madera oscura, juro, que cada uno va a tener su lugar más que pensado en la nueva casa).
Todos los números de La Mujer De Mi Vida están apilados, junto con los de la Prensa Obrera (todos) del año pasado y algunos ejemplares de Le Monde, todo rodeado de publicaciones independientes (Kama, Contraataque, Agrupación X, etc.). ¿Qué tiene que ver un moviento de literatxs con el trostkysmo?
Juro, en este pequeño, pero no por eso menos emotivo acto, que cada libro, cada revista, cada periódico va a tener su lugar asignado donde pueda respirar, donde pueda estar a disposición de cualquier persona que entre a esa casa que está por nacer.
Y, a demás, claro, pero eso es para otro posteo, ninguna de las dos está en Buenos Aires. Con la consecuencia lógica de que la magia ya no flote en la ciudad y de que no haya burbujas en las plazas y que los árboles ya no sean los mismos y que el calor agobie más y la lluvia moje igual. Vuelvan. Quiero escuchar Epumer sin llorar. Quiero leer Pizarnik otra vez y necesito la contención de unos claros, clarísimos y de unas piernas larguísimas a mi al rededor.
Pero
no
las palabras
no hacen el amor
Gracias Alejandra
5.2.07
26.1.07
25.1.07
neverland
En esta noche, en este mundo
inmenso
hagamos nuestro Neverland.
Volemos
que no es tarde,
que somos niñas
[aún]
que miran el jardín
con flores naranjas y el pasto.
Naranja y verde.
Niña,
nademos, que la noche es larga
[aún]
Hagamos nuestro Neverland
que esta noche, en este mundo
inmenso
lo pide a gritos.
inmenso
hagamos nuestro Neverland.
Volemos
que no es tarde,
que somos niñas
[aún]
que miran el jardín
con flores naranjas y el pasto.
Naranja y verde.
Niña,
nademos, que la noche es larga
[aún]
Hagamos nuestro Neverland
que esta noche, en este mundo
inmenso
lo pide a gritos.
11.1.07
Anomia
El Norte me relaja. Ya no me tiembla el pie derecho cuando me despierto pensando en alguien. Ahora, en cambio, me duermo pensando en alguien. Que está lejos. Sin puente que cruce las froenteras.
Ya no tomo café. Aprendí a cebar mate. (Y espero que leas esto y se te dibuje una sonrisa y pienses "bonita, nunca vas a cebar como yo").
Ya no necesito a Alejandra todas las noches. Ya no le temo a los insectos. Ya no tengo más que horizontes qu e se acercan, pero que, sorprendentemente, no me asustan. Ya no creo ni en él ni en ella ni ella que no está ni en él que se fue ni en las cartas que lastiman. Ya no me privo de las canciones que me hacen pensar en lo que podría haber sido ni en qu é psará cuando vuelva a Buenos Aires y no sepa dónde estás.
Los viajes cambian a la gente. Es cierto. Los viajes son necesarios. La distancia, la desconexión, el extráñar(te) eran necesarias.
El Norte es maravilloso. No son los paisajes, es la distancia, es ver todo desde afuera, con la anomia y la coartada de quien está sin estar.
Espero volver y que todo haya cambiado, que ya no haya árboles , esos que Beneddeti tanto extrañaba. Espero volver sin temblar a la mañana. Espero volver e ir al MALBA con vos.
Porque los amores cobardes no llegan ni a historias ni a amores, se quedan ahí. Y no quiero que quede a hí, solo morirme contigo si te matas y matarme c ontigo si te mueres. Aunque nos separen 1600 kilómetros.
Sa grado el momento en el que me fui de Buenos Aires.
Ya no tomo café. Aprendí a cebar mate. (Y espero que leas esto y se te dibuje una sonrisa y pienses "bonita, nunca vas a cebar como yo").
Ya no necesito a Alejandra todas las noches. Ya no le temo a los insectos. Ya no tengo más que horizontes qu e se acercan, pero que, sorprendentemente, no me asustan. Ya no creo ni en él ni en ella ni ella que no está ni en él que se fue ni en las cartas que lastiman. Ya no me privo de las canciones que me hacen pensar en lo que podría haber sido ni en qu é psará cuando vuelva a Buenos Aires y no sepa dónde estás.
Los viajes cambian a la gente. Es cierto. Los viajes son necesarios. La distancia, la desconexión, el extráñar(te) eran necesarias.
El Norte es maravilloso. No son los paisajes, es la distancia, es ver todo desde afuera, con la anomia y la coartada de quien está sin estar.
Espero volver y que todo haya cambiado, que ya no haya árboles , esos que Beneddeti tanto extrañaba. Espero volver sin temblar a la mañana. Espero volver e ir al MALBA con vos.
Porque los amores cobardes no llegan ni a historias ni a amores, se quedan ahí. Y no quiero que quede a hí, solo morirme contigo si te matas y matarme c ontigo si te mueres. Aunque nos separen 1600 kilómetros.
Sa grado el momento en el que me fui de Buenos Aires.
22.12.06
Balance de este año par
No soy supersticiosa ni mucho menos kabulera. Sin embargo, el 2006 viene siendo el mejor año por lejos. Es cierto, empezó en domingo (en un domingo que no quiero recordar más de lo necesario) y, a su vez, termina en domingo. Eso solo ya desmiente que sea supersticiosa, ¿no?
Pese a los mitos sobre ciertos días de la semana o ciertos números, este año superó cualquier expectativa. No sólo porque el año pasado fue demasiado terrible, en más de un sentido, sino, porque este fue y sigue siendo hasta dentro de unos días realmente bueno.
Hubo proyectos, cariño, mimos, abrazos, palabras de más y de las otras, hubo llantos, viajes eternos en colectivos eternos, hubo risas, hubo despedidas y encuentros (más de un reencuentro y de una reconstrucción de algunas relaciones me soprendieron), hubo mucha militancia, hubo gente nueva, hubo discusiones, hubo libros, hubo canciones y ciudades nuevas. Hubo nueva facultad. Hubo amor con esa facultad mugrienta que ruega porque dejen de pgarle carteles, cada día pesan más y las paredes se van afinando y pintura que se descascara tiñe el pelo de lxs estudiantes que llegan a sus casa pensando que tienen caspa. Ese edificio, aburrido, hostil, burocrático (inventó el color burocracia, se ve en esas paredes) es mío y lo elijo, siempre. Como verán, hubo mucho en 2006.
Fue un año muy Liniers: colores, imaginación, inocencia, odio, flores, pingüinos.
Un año Cortázar: hubo parques, hubo encontrar a esa persona en esa calle en ese momento (una coordinación tempoespacial sorprendente que me invadió), muchas refelxiones sobre el puente y la frontera, muchos amores demasiado correspondidos y, bueno, demasiado no correspondidos (sino, ¿cuál sería la gracia?), hubo noches inolvidables (véase el capítulo 5 de Rayuela). Este último mes fue un eterno "¿jugamos al cíclope?". Pero, como cuando Olivera vuelve a sus pagos, el amor está a un micro de distancia y para llegar a él hay que cruzar un puente que es casi frontera.
Creo que una de las conclusiones de este año debería ser dejar de leer a Julio. No puedo. Gracias que día a día voy dejando volar, un poco, a Alejandra (ya estoy en el País de lo ya visto, pero sin ser Alicia).
Otra conclusión, después de meses y meses de hacer trabajo de campo y de luchar internamente conmigo misma (con mi otro yo, en realidad, la ezquizofrenia no es tal si lxs otrxs no se dan cuenta), es que no puedo tomar una decisión. No hoy, no mañana. No puedo. No quiero. Solo quiero que todas las noches sean noches de boda y que cada noche sea distinta, sin una determinación previa. Quizá me esté comiendo la teoría queer. Es posible. Pero como últimamente no creo en los nombres, no me importa. Es más, deconstruyamos hasta que lo que se supone que se encarga de deconstruir.
Ayer fue un día decisivo. Se fue cierta persona que ocupó cierto tiempo en cierto lugar de cierta otra persona. Llegó otra persona que no ocupa ni un tiempo ni un lugar de cierta esta persona, pero que sí lo hará en otro tiempo y en otro lugar. Y ayer se iba a definir todo y no se definió nada. Creo que esa fue su función. Dejarme en esta encrucijada de mierda, muy sartreana. Muy de mierda. Decisidir por la nodecisión, no puedo hacer otra cosa.
La paz y tiempo dirán.
Así empieza a terminar este año. A las cinco de la mañana (sí, a esa hora inhumana) me voy subir al auto de familia para ir a una casa de familia en un pueblo familiero a fingir que soy parte. Julio viene conmigo. No importa mucho más.
Espero que todos los años sean como este, sin importar los números ni los días de la semana.
Feliz 2007
Pese a los mitos sobre ciertos días de la semana o ciertos números, este año superó cualquier expectativa. No sólo porque el año pasado fue demasiado terrible, en más de un sentido, sino, porque este fue y sigue siendo hasta dentro de unos días realmente bueno.
Hubo proyectos, cariño, mimos, abrazos, palabras de más y de las otras, hubo llantos, viajes eternos en colectivos eternos, hubo risas, hubo despedidas y encuentros (más de un reencuentro y de una reconstrucción de algunas relaciones me soprendieron), hubo mucha militancia, hubo gente nueva, hubo discusiones, hubo libros, hubo canciones y ciudades nuevas. Hubo nueva facultad. Hubo amor con esa facultad mugrienta que ruega porque dejen de pgarle carteles, cada día pesan más y las paredes se van afinando y pintura que se descascara tiñe el pelo de lxs estudiantes que llegan a sus casa pensando que tienen caspa. Ese edificio, aburrido, hostil, burocrático (inventó el color burocracia, se ve en esas paredes) es mío y lo elijo, siempre. Como verán, hubo mucho en 2006.
Fue un año muy Liniers: colores, imaginación, inocencia, odio, flores, pingüinos.
Un año Cortázar: hubo parques, hubo encontrar a esa persona en esa calle en ese momento (una coordinación tempoespacial sorprendente que me invadió), muchas refelxiones sobre el puente y la frontera, muchos amores demasiado correspondidos y, bueno, demasiado no correspondidos (sino, ¿cuál sería la gracia?), hubo noches inolvidables (véase el capítulo 5 de Rayuela). Este último mes fue un eterno "¿jugamos al cíclope?". Pero, como cuando Olivera vuelve a sus pagos, el amor está a un micro de distancia y para llegar a él hay que cruzar un puente que es casi frontera.
Creo que una de las conclusiones de este año debería ser dejar de leer a Julio. No puedo. Gracias que día a día voy dejando volar, un poco, a Alejandra (ya estoy en el País de lo ya visto, pero sin ser Alicia).
Otra conclusión, después de meses y meses de hacer trabajo de campo y de luchar internamente conmigo misma (con mi otro yo, en realidad, la ezquizofrenia no es tal si lxs otrxs no se dan cuenta), es que no puedo tomar una decisión. No hoy, no mañana. No puedo. No quiero. Solo quiero que todas las noches sean noches de boda y que cada noche sea distinta, sin una determinación previa. Quizá me esté comiendo la teoría queer. Es posible. Pero como últimamente no creo en los nombres, no me importa. Es más, deconstruyamos hasta que lo que se supone que se encarga de deconstruir.
Ayer fue un día decisivo. Se fue cierta persona que ocupó cierto tiempo en cierto lugar de cierta otra persona. Llegó otra persona que no ocupa ni un tiempo ni un lugar de cierta esta persona, pero que sí lo hará en otro tiempo y en otro lugar. Y ayer se iba a definir todo y no se definió nada. Creo que esa fue su función. Dejarme en esta encrucijada de mierda, muy sartreana. Muy de mierda. Decisidir por la nodecisión, no puedo hacer otra cosa.
La paz y tiempo dirán.
Así empieza a terminar este año. A las cinco de la mañana (sí, a esa hora inhumana) me voy subir al auto de familia para ir a una casa de familia en un pueblo familiero a fingir que soy parte. Julio viene conmigo. No importa mucho más.
Espero que todos los años sean como este, sin importar los números ni los días de la semana.
Feliz 2007
12.12.06
sin título
trato de no pensar. trato de ver las cosas y de vivirlas desde la positiva. trato, cada vez que me despierto en tu cama, de no pensar que es la última vez. trato de no pensar en que te vas. trato de decir "fue un mes maravilloso, nos vemos a la vuelta, o no, la vida es maravillosa". pero no puedo. querría que no hubiera martes ni pasaje ni navidad paterna ni finales ni cajas que no me dejan caminar ni la biblioteca vacía ni llamados a larga distancia ni partidas.
pero lxs hay.
quiero seguir despertándome en tu cama.
quiero darte un beso y que nunca nos acostumbremos.
quiero cruzar el país para verte una tarde.
quiero que me enseñes a hacer mate.
quiero ir al malba con vos.
quiero acompañarte a retiro.
quiero jugar al cíclope.
me estoy empalagando un poco. no me importa.
¿jugamos al cíclope?
pero lxs hay.
quiero seguir despertándome en tu cama.
quiero darte un beso y que nunca nos acostumbremos.
quiero cruzar el país para verte una tarde.
quiero que me enseñes a hacer mate.
quiero ir al malba con vos.
quiero acompañarte a retiro.
quiero jugar al cíclope.
me estoy empalagando un poco. no me importa.
¿jugamos al cíclope?
14.11.06
Tratando de recordar besos memorables, esos besos que se esperan durante días, semanas, meses, años (!), pero que cuando llegan parecen besos de películas.
Mejor dicho, de final de película hollywoodense en la que la porrista se da cuenta de su amor por el nerd, o en la que el deportista se enamora de la chica intelectual y la cámara gira al rededor de ellxs y se va elevando y el último plano, cuando los títulos en letras blancas ya están por terminar, se ven las cabezas de ellxs alejándose y la luna (nunca una luna llena, claro). Tratando de recordar esos besos me di cuenta de que hay veces en las que un beso es mucho más importante que lo que pueda llegar a pasar después. Si te vas a un telo con esa persona, podría llegar a ser la mejor noche de tu vida, pero, lo cierto es que cuando unx todavía no se dio ese beso, cuando la otra persona es casi un misterio, cuando ni siquiera nos podemos imaginar cojiendo con esa persona, cuando la consumación del hecho parece secundaria, el beso es lo más importante, es casi suficiente.
El problema es qué pasa después del beso. ¿Qué decir cuando lo único que se quiere hacer es sonreir como un/a niñx de 8 años a quien le regalaron el juguete que quería para su cumpleaños pero que pensaba que su familia se iba a olvidar? ¿O cuando realmente unx no quiere dejar de besar a la otra persona? ¿O cuando unx siente tanto miedo de que para la otra persona no haya sido tan importante? ¿Será realmente necesario decir algo?
Creo que no, que la consumación del hecho es secundaria y que lo que se diga después del beso también.
Porque son esos besos que nunca se olvidan, que se los planificó tanto y que nunca salen como unx habría querido, porque hay una cámara que gira a nuestro al rededor, porque cortamos la 9 de julio por esos besos y la volveríamos a cortar a las seis de la tarde. Porque esos besos son todo. Porque prometen todo.
Mejor dicho, de final de película hollywoodense en la que la porrista se da cuenta de su amor por el nerd, o en la que el deportista se enamora de la chica intelectual y la cámara gira al rededor de ellxs y se va elevando y el último plano, cuando los títulos en letras blancas ya están por terminar, se ven las cabezas de ellxs alejándose y la luna (nunca una luna llena, claro). Tratando de recordar esos besos me di cuenta de que hay veces en las que un beso es mucho más importante que lo que pueda llegar a pasar después. Si te vas a un telo con esa persona, podría llegar a ser la mejor noche de tu vida, pero, lo cierto es que cuando unx todavía no se dio ese beso, cuando la otra persona es casi un misterio, cuando ni siquiera nos podemos imaginar cojiendo con esa persona, cuando la consumación del hecho parece secundaria, el beso es lo más importante, es casi suficiente.
El problema es qué pasa después del beso. ¿Qué decir cuando lo único que se quiere hacer es sonreir como un/a niñx de 8 años a quien le regalaron el juguete que quería para su cumpleaños pero que pensaba que su familia se iba a olvidar? ¿O cuando realmente unx no quiere dejar de besar a la otra persona? ¿O cuando unx siente tanto miedo de que para la otra persona no haya sido tan importante? ¿Será realmente necesario decir algo?
Creo que no, que la consumación del hecho es secundaria y que lo que se diga después del beso también.
Porque son esos besos que nunca se olvidan, que se los planificó tanto y que nunca salen como unx habría querido, porque hay una cámara que gira a nuestro al rededor, porque cortamos la 9 de julio por esos besos y la volveríamos a cortar a las seis de la tarde. Porque esos besos son todo. Porque prometen todo.
4.11.06
El mundo es nuestro
Esuchábamos Marisa Monte
comíamos sushi
fumábamos en pipas compradas en Japón
éramos los dueños del mundo
¿qué más importa,
cuando estás en un viaje lisérgico
viajando en subte yendo a Belgrano,
que la persona que tenés al lado?
Concientes como éramos
de lo mal que nos podíamos llegar a hacer
(del que te hice)
seguíamos sintiendo
que la historia nos podía atravesar
y que nunca íbamos a soltarnos la mano
el mundo era nuestro
y no nos importaba
hasta que tuvo que importarnos.
comíamos sushi
fumábamos en pipas compradas en Japón
éramos los dueños del mundo
¿qué más importa,
cuando estás en un viaje lisérgico
viajando en subte yendo a Belgrano,
que la persona que tenés al lado?
Concientes como éramos
de lo mal que nos podíamos llegar a hacer
(del que te hice)
seguíamos sintiendo
que la historia nos podía atravesar
y que nunca íbamos a soltarnos la mano
el mundo era nuestro
y no nos importaba
hasta que tuvo que importarnos.
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