30.9.06
Hoy.
Ayer me dieron el resultado de ese análisis bendito.
Negativo.
¿Y ahora qué fantasma va a ocupar su lugar?
¿Habré vencido el miedo a la muerte para adquirir uno nuevo?
¿Miedo al vacío?
Es cierto que ayer salté por la calle,
con el celular en la mano que casi se me cae
y una sonrisa de esquina a esquina
como si fuera pasacalle.
Pero hoy ya no,
hoy tengo miedo de otro miedo.
Quizá sea necesario para caminar,
como las utopías de Galeano.
27.9.06
Pensar desde la positiva
Ayer, en un teórico de Historia Social General hablamos sobre los valores de la revolución francesa. Sobre la igualdad, la libertad y la fraternidad. Valores, cada uno, que va cambiando en función de los otros dos y de la visión del gobierno sobre el otro.
- Igualdad: (Del lat. aequalĭtas, -ātis). 1. Mat Equivalencia de dos cantidades o expresiones.// 2. ~ ante la ley. f. Principio que reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos.
Igualdad de condiciones ante la ley, para que la aristocracia perdiera sus privilegios y los ganara la burguesía creciente francesa y revolucionaria. Pero decir igualdad jurídica no es decir realmente igualdad, sino, igualdad de posibilidades porque el capitalismo, se supone, siempre ofrece a todos y todas la posibilidad de crecer y ascender socio-económicamente. Se es por lo que se va teniendo a lo largo del camino y no por lo que se es desde el nacimiento básicamente.
Pero hoy, ¿acaso quienes nacen sin nada crecen teniendo algo? ¿acaso los y las que nacen con todo tienen chances de quedarse en cero? ¿quiénes son los y las que siguen cobrando sueldos que equivalen al 10% del PIB? ¿hay posibilidades de ascenso? ¿ascenso para qué, a dónde?
- Libertad: (Del lat. libertas, -ātis). 1. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.// 2. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres. // 3. Condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes.
Con respecto a la libertad era muy simple: libertad de circulación, de comprar propiedades, de entablecer contratos laborales, pero obligaciones por todos lados. Elecciones compulsivas, obligación de entablar una relación contractual laboral para llegar a fin de mes aunque fuera (y sea) una relación totalmente inequitativa, obligación de nunca comprar propiedades en respuesta a la relación laboral.
Y hoy, es lo mismo. En el siglo XXI (no porque el tiempo sea señal de progreso ni de nada, solo que, bueno, ya estamos grandes como civilización "occidental-judeo-cristiana", ¿no?), la libertad se ejerce de la misma forma. Siempre pedirle permiso al Estado para decidir y para no decidir también. Siempre pidiendo permiso, nunca nos podemos apoderar de nuestra ciudadanía. Nunca nos vamos a poder convertir en sujetos políticos si tenemos que mendigar nuestros derechos. Los derechos se toman. Quiera el Estado o no.
Expongo un lema de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito: "la mujer decide, el Estado garantiza, la sociedad respeta". No es muy complejo, ¿no?
Este lema debería poder extenderse a todos los ámbitos, no solo al aborto. Las personas deciden, el Estado garantiza y la sociedad más que respeta, se calla.
La libertad por la positiva.
La vida es una obligación, no un derecho, en estos Estados que solo quieren reproducir obreros y obreras para seguir perpetuando un sistema que no les sirve más que a las cúpulas de poder que no son ni siquiera los y las gobernantes. La vida sí o sí a cualquier precio para todas y todos, los y las que no puedan elegir, claro. Pero vida, la libertad de la vida es más que nada, una obligación, hoy, acá, todavía, pero por ahora.
- Fraternidad: (Del lat. fraternĭtas, -ātis). 1. f . Amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales.
No me vengan con el Live 8 porque no se la cree nadie. ¿Bono ayudando a los pobres africanos y a las pobres africanas? Este mundo da para todo. Este mundo no buscó la definición de fraternidad en el diccionario (que, por cierto, es notable que solo tenga una definición y millones de aplicaciones en la práctica).
A este mundo gobernado por quienes lo gobiernan desde hace 2006 años, la gente, nosotros y nosotras le importamos cada vez menos.
Cada vez tenemos menos espacios. Cada vez tenemos menos libertad de palabra (¿no ven que hasta hay que decirlo para explicitar su falta? ¿que es por la negativa?). Cada vez tenemos menos potencial ciudadano. ¿Servirá para algo? ¿Queremos ser ciudadanos y ciudadanas de este mundo? ¿Convertirnos en sujetos políticos sin cambiar de raiz estos conceptos? ¿Sin cambiar la cúpula y darla vuelta?
Yo no.
No colaboro más.
Hasta que el Sur (toda esta parte del mundo que va desde el Estrecho de Gibraltar hasta la Antártida, desde el Egeo hasta este lado del Pacífico, que va desde Río Grande hasta Punta Arenas) no esté junto con el Norte, en el mismo plano, todos y todas iguales, todos y todas juntos y juntas, todos y todas arriba o todos y todas abajo.
Nunca más unos y unas abajo y otros y otras arriba.
Por vivir desde la positiva.
26.9.06
Empezar de nuevo que le dicen
Será cuestión de dividir los libros, de comprar una biblioteca nueva que entre en uno de esos departamentos nuevos de Almagro que tiene habitaciones de 2x2m. De dividir los cds y comprar un equipo de música.
Será cuestión de aceptar que esta familia núclear, moderna, anti-heteronormativa, feminista, comunitaria, hermosa, se separa. No pese a mi voluntad, debo aclarar. Llega un momento de toda familia, por más moderna, progre y feminista que sea, en que la convivencia se hace imposible. Y yo no duermo en esa cama. Y yo no las elegí. A ninguna de las dos. Pero, a mi manera, sí, hoy las elijo, como son, por separado, nunca más las tres en una unidad contractual. Porque acá no hay contrato, acá dejó de haberlo hace mucho tiempo.
Y eso está bien.
Esto, este tener que buscar una nueva casa de la que me iré pronto, está bien. Comprar otra heladera, otra vida, está bien. Qué lastima que la vida no se compra. No, mejor que la vida no se compre, porque esta me gusta y no quiero que nadie me la compre ni nadie la venda.
Elijo esta vida aunque haya dejado de ser perfecta desde hace veinte años. Aunque darse cuenta sea duro, aunque haya que entregar esos cds que les robé y traje a mi cuarto y esos libros sobre el tiempo libre de los jóvenes cubanos vuelva a manos de su dueña y los de Winterson también. Siempre hay una casa a la que volver cuando todo está mal. Y esta vez, esa casa va a transformarse en dos, nuevas, desconocidas, pero felices. Seguro.
Felices. Mejor que sigan siendo los mejores años, desde acá, lejos y que no se conviertan en los peores por falta de decisión.
A seguir a delante que el mundo es grande.
De las derrotas crear primaveras.
25.9.06
No creo en nada
Creo que debería haberte dejado hace mucho tiempo.
Creo que es más que necesario que te mande a la mierda.
Creo que no te ocupás de mí.
Creo que solo te ineteresa que le viernes te diga que todo está bien.
Creo que sos un boludo.
Creo que el mundo es demasiado grande.
Creo que no tengo ganas de verte.
Más.
Creo que el mundo es demasiado grande.
El mundo Es demasiado grande.
En algún momento pensé que algo tenía que cambiar. Que algo tenía que pasar. Pero no.
Prefiero seguir pensando que un día voy a ver a esa chica bailando Beatles en alguna vieja casa del lugar. Y que esa chica me va a mirar y va a seguir bailando y se va aseguir creyendo Lucy in the sky y que algo va a cambiar. Porque el mundo es demasiado grande. Y porque nada, ni el tiempo geológico de Braudel es inmóvil. Las cosas cambian, a veces, las más de las veces, a tu pesar. Jodéte si las cosas cambian, siguen su rumbo y vos no. Jodéte porque no creo que yo siga pensando en vos.
Y ahora, meses y meses después, creo que aún, tal vez, tú tampoco piensas en mí.
(Maldita retórica)
Autobienvenida otra vez al Blog.
Quedan muchos caminos
26.7.06
UIna de aviones y conejos
-Tomá, Lai, te lo compré para que leas en el viaje –le dijo el papá mientras le daba un libro de tapa dura que sacó del bolso. Estaba lleno de dibujos y letras grandes, rojas. Había un conejo que caminaba por un campo con flores de todos colores. Era el tipo de cuento preferido por Laila.
El papá la alzó y le dio un beso muy fuerte en la mejilla. Se quedó abajo mientras ellas subían por la escalera mecánica. Papá se hacía cada vez más chiquito y Laila se sintió grande, más que grande, gigante.
Natalia sacó un pañuelito de la cartera y se lo pasó por los ojos. No le gustaba irse sin Hernán y menos, viajar en avión. Su hija se dio cuenta y apenas se sentaron, la abrazó.
- Te quiero, mami
- Yo también, hijita. Ahora abrochate el cinturón que estamos por salir.
Una azafata vestida de verde les dijo dónde estaban las salidas de emergencia, los chalecos salvavidas y un montón de cosas que pusieron a Natalia más nerviosa.
- ¿No tenés frío? ¿Querés un poco de jugo?
No, estoy bien. ¿Me das el libro que me regaló papá? –le dijo Laila, que a penas tuvo el libro en la mano lo abrió. Pasaba las hojas despacio, contaba las flores y pasaba un dedo por las letras, uniéndolas para formar palabras: c-o-n-e-j-o.
El avión iba acelerando, cada vez iban más rápido por la pista de despegue y, de golpe, se empezó a inclinar. Laila iba a volar por primera vez. No dejaba de mirar la ventanilla.
- Me quiero bajar –dijo la mamá y se llevó la mano a la boca como si se hubiera asustado por lo que había dicho.
- ¿Por qué? Es lindo el avión. –dijo la nena y siguió mirando por la ventanilla.
Cada vez estaban más alto. Más alto de lo que Laila podía imaginar. Pero, también, estaban más alto de lo que Natalia podía soportar.
A los pocos segundos ya se podían ver las casas chiquititas, las sendas peatonales formando cuadrados con las esquinas, y la gente parecía del tamaño de las hormigas.
- ¡Qué bueno que estoy al lado de la ventanilla! Mirá, má, la gente es rechiquita.
- …
- ¿Me leés el cuento?
- No, hijita, ¿no tenés sueño? –dijo la mamá mientras hacía un nudo con la tira del cinturón de seguridad.
- ¿Qué pasa, mami? ¿Tenés miedo?
- No, no pasa nada. Dormí poco, nada más. No te preocupes.
- Ah, pero tenés la cara de cuando vimos esa peli con el hombre malo
- …
- Sí, ¿no te acordás? Estabas blanquísima, como ahora.
- Bueno, sí, me da un poco de miedo viajar en avión, estamos muy alto. Pero no pasa nada.
Al rato, otra azafata pasó con un carrito con comida. A la nena le dio una hamburguesa con queso y papas fritas. Ella estaba contenta, mamá no la dejaba comer eso casi nunca. Así que su almuerzo, a demás, fue divertido. Jugó con las papas y se puso a pensar si en Italia también comían eso.
Cuando la azafata les sacó las bandejas, Natalia acompañó a Laila al baño. Era mucho más chico que uno común. El lavatorio estaba integrado a la pared, igual que los expendedores de toallas de papel y jabón. La nena estaba encantada, era divertido tener todo así, todo junto y pequeño. Pero a su mamá no le gustaba mucho la idea de estar parada en el avión, así que le dijo que se apurara que a la vuelta iba a haber uno igual a ese, quizá hasta más lindo.
- Ufa, yo me quería hacer dos colitas. Como los conejos.
- Yo te las hago cuando nos sentemos. ¿Dale?
- Bueno, está bien, pero con las gomitas verdes.
Después de la sesión de peluquería, Laila siguió leyendo el cuento. Estaba fascinada con la historia del conejo. Él también iba a ver a su abuela que vivía del otro lado del campo. Era una coneja que hacía panes. Tenía un horno gigante de barro en el patio de la casa. Al conejito le gustaba mucho verla porque siempre le daba algo para probar. Esa vez le daba para probar la torta más rica del mundo: era rosa, de dos pisos, con guirnaldas blancas. Era de bizcochuelo, rellana con mermeladas y crema y frutas frescas. Era la primera vez que el conejo comía algo así, abrazó muy fuerte a su abuela y se fue a jugar con sus primos conejos.
Laila se durmió poco después de terminar de leer el cuento. Soñó con el conejo. Paseaban juntos por el aeropuerto, como si fuera el campo del libro. Natalia no pudo dormir, se quedó mirando la película que pasaban en la pantalla frente al asiento.
Cuando Laila se despertó le preguntó cómo era la casa de la abuela.
- La abuela vive en un lugar que se llama Verona. Es una ciudad muy vieja.
- ¿Más vieja que la abuela?
- Sí, Lai, más vieja todavía. Tiene un jardín con muchas plantas. A veces, las plantas dan frutos y la abuela hace mermeladas.
- ¡Como en el cuento! ¿Me va a hacer una torta con mermelada? –preguntó la nena con una sonrisa gigante.
- Sí, claro.
- ¿Y qué hace la abuela ahí?
- Es cocinera, como yo. Pero no trabaja en un restaurante, sino, en una panadería que tiene en el frente de la casa.
- ¡Como en el cuento! ¡Ay, qué lindo! Seguro que usa dos colitas como yo, para parecerse más a los conejos.
Natalia se rió, ella también. Siguieron casi todo el viaje hablando de Italia y de la abuela. Y, poco a poco, la mamá fue perdiendo el miedo a viajar porque se dio cuenta de la cantidad de cosas lindas que iban a hacer las tres, ella, Laila y la abuela, cuando llegaran a Italia.
Después de contarle cada detalle que recordaba de la casa de la abuela, Natalia se durmió y Laila se quedó mirando la película que daban en la pantalla del asiento y pensando en qué lindo que sería ir con el papá la próxima vez así todos podían comer las tortas de mermelada de la abuela.
pd: es el primer borrador, pero para eso está el blog
24.7.06
Ella es moderna, ella es perfecta: no sólo teje, borda también.

Esa es la cortina de presentación de Puntos y Puntadas (uno de los clásicos de in-Utilísima).
La conductora, Sra. de Andino (no, no se el nombre) es rubia, alta, flaca, acaba de ser madre y conduce el programa desde hace años y años.
Cada vez que la veo, varias veces por semana debido a mi insomnio, pienso en esa muñequita de Audrey Hepburn que venden en e-Bay.com por varios dólares (algo así como 99, impagable). La actriz en la que se basa la muñeca fue, durante décadas, el modelo de mujer a seguir por todas las adolescentes del mundo occidental desarrollado. Víctima del nazismo en Bruselas, se escapó con su madre a Inglaterra, allí estudió danzas en un internado. Incursionó en el teatro musical. Una noche su novio multimillonario le propuso matrimonio. Se casaron, claro. Ella empezó a actuar en películas. Cuestión que se casó otra vez, hizo clásicos como Weekend in Rome, Sabrina, Breakfast At Tiffany's, War and Peace, tuvo dos hijos, trabajó durante años en Unicef, murió de cáncer de mama en 1993.
Siempre mantuvo un estilo increíble para vestirse, maquillarse, peinarse, moverse, sonreir y hasta fumar. Aprendió a comer cuando protagonizó la versión cinematográfica de la novela corta de Capote. Era una reina en Sabrina.
Lo cierto es que casi nadie puede medir 1,65m, pesar 47 kilos, vestirse tan elegantemente como ella, casarse, tener hijos con un productor de Hollywood, ser una actriz premiada y, encima, ser sujeta política. Las mujeres de in-Utilísima no saben esto o no lo quieren saber o lo que sea. Pero cada vez que escucho esa cortina horrible que dice que "ella es moderna, ella es perfecta: no sólo teje, borda también", me dan ganas de tirarles con un wonderbra o una licuadora o una depiladora por la cabeza a la gente que hizo esa cortina. Lo peor: la chica (dibujada) que cruza la pantalla tiene un tapado como el de la muñeca, pero tiene pelo largo, recogido en una cola de caballo.
No quiero ser una mujer perfecta, quiero ser una chica Almodóvar y eso basta.
23.7.06
Nuevo Blog. Otra vez.

¿Por qué un nuevo Blog? ¿Por qué un Blog si tengo un Flog?
Porque acá van a ir mis cuentos, mis ensayos, mis notas, lo que sea. Una suerte de revista cultural unipersonal y cibernética.
Hoy: Dejó de llover (2003)
Dejó de llover
Son las nueve y cinco de la mañana. Acaba de empezar el primer recreo del día. Me quedo parada en la puerta del curso de Barbi. Sale, con cara de preocupación.
- Tengo que decirte algo –me dice-.
Pero yo ya se qué me va a decir. Si fuera otra persona. O quizá otra situación. Pero no, es Bárbara. Mi amiga. Y me está diciendo que le gusto. No se qué decirle. Se me cae el mundo, de a poco. Veo que en el patio está lloviendo. No va a haber gimnasia, le digo, para tratar de esquivar el tema. Pero no me sale.
Me llega el recuerdo de cuando me lo dijo. Hace 3 meses. Me agarró en el aula, me miró y me dijo que tenía algo para decirme. “Soy bisexual”. Yo no lo podía creer. Se había dado cuenta hacía muy poco. Creo que todavía no lo asumía del todo. Le brillaban los ojos. Yo la miraba con admiración y extrañeza. Sí, la admiro. A los pocos días ya me había acostumbrado.
La situación me está excediendo. Es como si no pudiera responderle. No quiero decirle que no. Pero decirle que sí sería ser bisexual. Y me asusta. Aunque dudo. El sí se me cruza por la cabeza. Pero la miro, la abrazo:
-La verdad es que te quiero demasiado, no soporto la idea de que nuestra amistad termine.
- Sí, está todo bien. Soy una boluda. Mejor me olvido y ya –me dice-.
Aunque en el fondo ella, todos y yo lo sabemos: ninguna de las dos se va a olvidar.
Esto no puede quedar así. Pero ¿qué hago? De algún lugar saco el coraje, le doy la mano, nos metemos en el aula vacía, mientras está tocando el timbre, nos damos un beso.
Dejó de llover.