3.11.08

Murió el poeta de madrugada o adiós a Mangieri

La luna con gatillo


Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro
y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces,
es necesario que esto cambie.
El carpintero
ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina
la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista,
un albañil,
un herrero,
un zapatero,
también saben lo suyo.
El minero
baja a la mina,
al fondo
de la estrella muerta.
El campesino
siembra y siega
la estrella
ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.

Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla
,ni una bota.
Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.

Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.
¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?

He marchado
detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben
lo que quiereny yo quiero
lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.

El poeta es siempre poeta
pero es bueno
que al fin comprenda
de una manera alegre
y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.

Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!
Cuando haya que lanzar
la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar
el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora
y el libro
puede brotar
la rosa más pura.

Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frívolo,
al notario
y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
-Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.
No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.

Yo soy un hombre o
quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.
Ni colmena,
ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.
Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha0.

Tengo derecho al vino,
al aceite,
al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.

No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!
No.
No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperandoque nuestra carne caiga,
podrida.

Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.



Raúl González Tuñón